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EL DRAMA HUMANO UNIVERSAL EN LA PINTURA DE

EL DRAMA HUMANO UNIVERSAL EN LA PINTURA DE

VÍCTOR HUGO LALON RAMOS

CRÍTICA DE ARTE

Por: Umar Klert Ghov

La proximidad a la filosofía del arte de manera no literal, por supuesto, consiste precisamente en una trasgresión del concepto y la definición en la búsqueda de una construcción de la belleza que trascienda más allá de aquella que estimula los sentidos, ésta es una belleza tendiente para superar la de la naturaleza, es decir el simple placer sensorial. En todo caso podemos decir que es crear belleza a partir de la belleza original, que no es lo mismo que una belleza superpuesta, sino más bien diremos algo así como: lo bello a la naturaleza de la razón. El pintor riobambeño Víctor Hugo Lalón Ramos es consciente de que la belleza de la naturaleza está ahí para satisfacer la realidad de los sentidos, pero después de esto no hay nada, o sea que, después esa belleza se agota en sí misma. Ilustremos esto para mejor comprensión, por ejemplo: Por primera vez pasamos por un jardín. La belleza de las flores nos fascinará al punto de detenernos para disfrutar de aquella simetría de relaciones con que ha obrado la naturaleza. Así la segunda y tercera vez; la cuarta vez, a pesar de que las flores no han perdido su belleza, ya han cumplido el cometido en la percepción de los estímulos internos y externos, de modo que detenerse para mirarlas deja de ser parte de la realidad del momento. Para contrarrestar esta situación, este artista plástico ecuatoriano, busca atenuar la belleza natural y resaltar sobre ella la creatividad a partir del pensamiento del arte y lograr así la narración pictórica del mensaje. Esto es evidente en uno de los cuadros, de los últimos tiempos “Rostro migrante”. No está por demás, a priori de la descripción de esta pintura, decir: que  el artista Víctor Lalón es poseedor de una  manera rarísima   de mostrar los problemas sociales a través de sus creaciones: es así que sobre la figura principal se descubre la sucesión de movimientos externos  de las líneas trazadas aparentemente en distintas direcciones; pero el espectador solo requerirá de unos instantes para advertir que  la sucesión infinita de contrastes termina en el punto cardinal diametralmente opuesto al norte, lo cual es una constante que singulariza la  forma  del arte visual en procura de alcanzar la universalización del mensaje. En cuanto al tiempo y el espacio postulamos esta novedad en el arte, a saber: entre líneas delgadas y gruesas en la que tanto el tiempo como el espacio se relacionan en una rara similitud que monumentaliza la obra en procura de establecerla para siempre en la memoria colectiva, lo que quiere decir, que la simbología externa contribuye a ese objetivo de manera indefectible. En el propósito de describir brevemente la pintura “Rostro migrante”, diremos que: esta obra va más allá de la idea original de su creador, es decir, que lo que fue un proyecto para mostrar la tragedia de las personas, especialmente mujeres, que migran a otros países en busca de trabajo, sin advertirlo, este pintor de la “Sultana de los Andes” logra una obra que sintetiza las diversas tragedias de la humanidad.

En el cuadro se observa un rostro dividido en dos, que, en su singularidad, representan el bien y el mal, el sufrimiento y la felicidad. Una sonrisa dividida en dos, entre el día y el crepúsculo. Una mirada que rememora el llanto y la alegría y al mismo tiempo vaticina el sufrimiento por venir. Allí dialectizada la realidad de la mujer en el mundo, su dolor eterno, el maltrato, la discriminación, en definitiva: el cuadro sintetiza el desarrollo dialéctico del drama humano en la realidad de la mujer, cuya incomparable fuerza de voluntad no ha cesado desde el comienzo de la historia de los seres humanos en la tierra.

             ROSTRO MIGRANTE

“¿Algo es bello porque gusta o gusta porque es bello?” Esta es una interrogante del más importante crítico de arte, Denis Diderot, igual que Platón, San Agustín y otros, se preguntaba, y absolvía sus propias preguntas sobre lo bello. Víctor Lalón también se interroga así mismo y a la humanidad en la pintura de su autoría denominada “Rostro-trata”, Claro está que es una pregunta sui generis, toda vez, que a diferencia del sentido sintáctico gramatical, en la expresión artística de la plástica responde, como es obvio, no con palabras, sino con esos trazos en la superficie del lienzo, que como en el momento de “Hágase la Luz”: ¡Ah!, el rostro de la mujer es el universo, la vida, es todo, es la realidad en el silencio, deja de ser la nada a partir del rostro de la mujer. Pero al mismo tiempo: la afirmación de las pinceladas como manchas en el tiempo, presagian el advenimiento de la tormenta en la faz del mundo, que no es otra cosa que ese fenómeno social conocido tristemente como “trata de personas” cuya víctima principal es la mujer, el ser que más se parece a Dios, tal vez porque de ella depende la continuidad de la especie humana.  El pintor se pregunta en este cuadro: ¿Por qué la mujer es sometida a tal sufrimiento siendo ella la respuesta, el principio y fin de lo bello?

             ROSTRO -TRATA

En el oráculo de Delfos, en la antigua Grecia, en la entrada, se dice que había un letrero muy grande con las palabras siguientes “Conócete a ti mismo”. Este mismo oráculo reveló que Sócrates era el filósofo más grande, lo cual es comprensible, ya que conociéndose a sí mismo, dijo, “Solo sé: que nada sé”. “Trasmutación” es un cuadro excepcional, algo así como aquellas palabras en el templo del oráculo de Delfos. El misterio entraña aquello de “conócete a ti mismo” o será que eres un dios para ti mismo y no para los demás.

En esta pintura “Trasmutación” Víctor Lalón aprovecha la figura de la mujer para pintar un misterio. El por qué de lo inexplicable de la causa y efecto de este cuadro, está precisamente: en que luego de observarlo, inmediatamente surgen varias interrogantes, por cierto, indecibles, toda vez que la mujer en su propia naturaleza es mujer y es hombre y viceversa: Los ojos, que aparentemente son cuatro, pero no hay más que dos, sublimizan la existencia, el misterio de la vida; pero sobre todo, en las expresiones individuales, en esa mirada, está la fuerza del amor en la verdad taxativa de la Creación.

TRASMUTACIÓN

Nos llega luego la lucha del hombre en blanco y negro, como siempre debería ser representada, y este es el gran mérito del autor de “Ojos despeñados”: el cuadro nos recuerda que ayer fue un “hombre muerto a puntapiés”; pero como la memoria es frágil, en otras palabras, con el tiempo y las aguas la memoria se hace permeable y los recuerdos desaparecen.

Por esta razón Víctor Lalón, con efectos de sombra, usando la técnica conocida como “plumilla”, da a la luz un retrato para anclar en la memoria, la barbarie. El retrato representa el saldo trágico de las luchas sociales, el retrato es la sociedad oprimida, es la sociedad en esa lucha incesante por los derechos y las libertades. No hay ausencia de rebeldía, por el contrario; en este cuadro el artista nos recuerda la frase aquella de que “Las apariencias engañan”. En aquella aparente tristeza y derrota, está aquel “imperativo fuerte” de “Vencer o morir”. En este retrato no hay silencio, más bien es un discurso fogoso que únicamente escuchan y entienden aquellos que aman la libertad. Esta combinación de trazos nos revela el mensaje de la victoria del bien sobre el mal.

OJOS DESPEÑADOS

“En el chaquiñán de la sonrisa viaja la vida a pedazos”: Este es tal vez un verso desmembrado de algún poema o una exclamación en los renglones del discurso de un orador en el escenario del mundo. Estas once palabras constituyen el título de un cuadro de Víctor Lalón: he aquí la exhibición de nueve rostros de mujeres en un encierro doloroso, cada una enfrentando su propia realidad; cada una de ellas protagonizando su propia historia en ese proscenio infamante donde las sonrisas tienen la expresión de la muerte. El pintor en un acercamiento vehemente al expresionismo logra en cada rostro una radiografía de la ingratitud de la humanidad. No obstante, la amargura petrificada en los rostros, las adversidades de la vida no les han restado, a las mujeres de ayer y hoy “ni un tantico así” de su dignidad suprema. La tragedia en los vericuetos del destino no podrá arrebatarles la ternura sin par cuando alimenta a sus hijos con la leche de sus senos. No diremos que el pintor ha querido “llover sobre mojado” sino más bien son momentos de aproximación de la mujer a su libertad, que es al mismo tiempo la libertad de todos. Lo que nos dice este artista en su obra: “Que quien no conoce su historia está condenado a repetirla”. El cuadro debió llamarse “No más rostros como estos en la humanidad”.

EN EL CHAQUIÑÁN DE LA SONRISA VIAJA LA VIDA A PEDAZOS

Gran parte de la obra pictórica de Víctor Hugo Lalón Ramos son caminos en el destino, singladuras en la ruta del tiempo. Palabras en gruesas y delgadas líneas. Es recurrente en sus obras: ese decir sin palabras por medio de la expresión de los colores. En cada una de las líneas de sus cuadros está su compromiso con la sociedad.

 Es por esto por lo que hay fuertes rasgos del pensamiento del arte en contraposición con el concepto del arte, o sea que su obra es contestataria, cumple un fin social. Esa búsqueda permanente de tiempos mejores se evidencia en la juventud de la realidad del color. Los trazos no solo son concluyentes en la forma final de la obra, sino que tienen una prolongación ilimitada dentro y fuera de sus creaciones. Su ser creador no se limita a: qué pintar, para quién pintar o cómo pintar, ya que pintar con los pies sobre la tierra, o sea sobre la realidad, es el camino de los verdaderos artistas.

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