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Carmita Rojas Castro, nació desde los vértigos de la tierra en el año de nuestro Señor de 1974. Dueña de una poesía que es el resultado de íntimas confrontaciones donde el erotismo y el desamor, caminan en la cuerda floja de su propio equilibrio. Poeta que germina en la tierra, que a ella vuelve y que en ella se levanta como círculo de lunas, en las que los crédulos añoran morir.

Hay que mentir a los ángeles para que no resuciten en los infiernos, para que el tercer día tenga la paz abrumadora de mariposas de porcelana; Carmen Rojas abrió los ojos al primer segundo del sueño inducido por el sistema deshumanizante, con su voz de deidad desencantada nos sumerge en los círculos donde la pureza de la palabra se desdice de maquillajes.

Ante nosotros la voz de un ser alado, que ha transitado todos los caminos. Estamos preparados para ser ungidos con tanta vida. En la ebriedad de la poesía, cosecha de Carmen, escribo estas líneas que se volverán gárgolas inútiles ante el manicomio de tanta verdad.

Bienaventurada la hora en que Carmita despertó del sueño en las manos de Alfonso Chávez Jara, en que su “Jaspiario” alimentó viejos exilios de esperanza. Ahora la escritora nos deja huérfanos y priostes de los maíces que han germinado en el común lugar de nuestro  siempre.

Gabriel Cisneros Abedrabbo

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